Proverbios 20:12
“El oído que oye, y el ojo que ve, ambas cosas igualmente ha hecho Jehová.”

El oído humano tiene que ser uno de los mecanismos más notables que se pueden encontrar. La parte del oído que podemos ver es sólo una parte del mecanismo que Dios creó para que nosotros escuchemos.

El oído externo, o pinna, tiene una forma tal que dirige las compresiones y las rarefacciones de las ondas sonoras hacia el orificio auditivo, o canal auditivo. ¿Qué haces si no puedes escuchar lo que se dice? ¿Ahuecas tu mano alrededor de tu oído externo? Esto ayuda a recoger un poco más de sonido, reflejándose en el canal auditivo.

En el extremo interno de este canal, hay una capa de piel estirada: la membrana timpánica o “tímpano”. Las ondas de sonido hacen que esto vibre. Esto, a su vez, hace vibrar tres huesos pequeños: los huesos más pequeños de su cuerpo conocidos, debido a sus formas, como el martillo, el yunque y el estribo. Estos huesos, conocidos colectivamente como huesecillos, vibran entre sí de una manera que logra dos efectos importantes. Primero, el sonido que ingresa al oído se concentra y amplifica, y segundo, los ruidos secundarios que distraen se reducen considerablemente. Los huesecillos amplifican el sonido hasta 20 veces. Finalmente, el estribo vibra la membrana timpánica secundaria, otra capa de piel delgada, que, a su vez, afecta el nervio vestibulococlear que transmite los mensajes al cerebro.

Los evolucionistas creen que los huesecillos evolucionaron a partir de los huesos de la mandíbula de un reptil. Sin embargo, todo en el oído funciona tan bien que es un ejemplo obvio de diseño de alto nivel.

Oración: Gracias Señor, por nuestros oídos y nuestra capacidad para escuchar, por los que adquirimos entendimiento. Amén.

Autor: Pablo F. Taylor

Ref: Enciclopedia Británica, <https://www.britannica.com/science/ear>, visitada 12/31/2018. Imagen: CC BY-SA 3.0 Unported.

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