Salmo 8:3-4

“Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, Y el hijo del hombre, para que lo visites?”

El físico ateo Lawrence Krauss cree que tiene la vida resuelta. Como cosmólogo, se adhiere a la visión de los orígenes del Big-Bang, creyendo que “El Universo” comenzó a existir a partir de una singularidad,  hace unos 13.700 millones de años.

La teoría del Big-Bang no es compatible con una comprensión bíblica, pero sería un error rechazar la teoría como si se tratara de un solo punto. A lo largo de los decenios, como con la Teoría de La Evolución, un conjunto de ideas muy sofisticadas se ha ido tejiendo en torno a la cosmogonía del Big-Bang.

Krauss a menudo se ha referido al polvo de las estrellas.  Ha opinado, “Todos estamos hechos del polvo de las estrellas”.  La razón de esta afirmación es un concepto evolutivo del nacimiento, la vida y la muerte de las estrellas. Los Big-Bangers tienen una explicación,  acerca de cómo creen que las estrellas se formaron a partir de la materia universal original y el comienzo de la fusión nuclear. Sin embargo, estos modelos no sugieren una ruta para producir los elementos más pesados que se encuentran en “El Universo”.   Por lo tanto, los científicos como Krauss sugieren que estas estrellas finalmente mueren y explotan, y nuevas estrellas crecen a partir del polvo de las estrellas más antiguo y explotado.  Ellos suponen, que la única razón por la que nosotros, como humanos, podríamos haber evolucionado es debido a la producción de elementos gradualmente más pesados, por estrellas de segunda y tercera generación.  Krauss dice, “Olvídate de Jesús-las estrellas murieron para que pudiéramos vivir.”  Krauss, al igual que su biología paralela de Richard Dawkins, cree en la presentación a los jóvenes, de una clase de asombro de la ciencia.  Así que, Krauss supone que éste asombro debe estar dirigido a las estrellas, porque estas son nuestras salvadoras.

La Biblia, en cambio, explica que las estrellas no son un tema para asombro, excepto en el sentido de que nos apuntan a Dios, para que lo adoremos.

En efecto, ¿qué es el hombre, Señor – qué somos para que tengas de nosotros memoria cuando consideramos la gloria del universo que has creado?  Sin embargo, tuviste la intención de todo esto para tu gloria, especialmente para que podamos llegar a conocerte mediante el arrepentimiento de nuestros pecados y la confianza en Jesucristo. Amén.

Ref: Krauss, L. (2013), Un Universo de la Nada, (aurículas). Imagen: NASA, de dominio público.