Salmo 119:103
“¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca.”

Cuando yo tenía veintitantos años, tenía un amigo cuyo padre, Peter, criaba abejas.   Un día, me invitó a ayudar a recoger la miel. Me fascinó la parafernalia que acompaña a esta actividad: el disfraz, la capucha, el ahumador y las colmenas. Peter tenía diez colmenas. Sus abejas eran muy distintivas. Tenían un abdomen marrón oscuro con una sola franja amarilla en el centro. Después de recoger los panales y la miel, fuimos a dar un paseo. Caminamos un par de kilómetros a través de prados llenos de Epilobium – una planta con flores que se conocen en los EEUU como fireweed. Las abejas estaban recogiendo el néctar de las flores. Muchas de las abejas se parecían a las de las colmenas de Peter. Eran, en efecto, sus abejas.

Peter me explicó que cuando las abejas regresaran a la colmena, harían un pequeño baile. Estos bailes son muy sofisticados y dan información a otros en la colmena sobre la distancia y dirección del néctar de las flores. Por ejemplo, la abeja que imparte la información incluirá una parte de su baile a un ángulo con la vertical. El ángulo de la abeja a la vertical es exactamente el mismo ángulo entre el néctar las flores y el sol. Esta información es luego utilizada por las obreras de manera que la mayor parte de ellos pueda encontrar su camino a la fuente de alimento.

Tal comportamiento complejo que no pudo haber surgido por casualidad evolutiva. Es mucho más lógico suponer que esta era una característica deliberadamente diseñada por el Creador.

 Tu Palabra, Señor, es más dulce que la miel. Gracias por darnos Tu Palabra que nos da todo lo que necesitamos para la vida, el aprendizaje y la salvación. Amén.

Ref: Viet, K. (2017), Las abejas melíferas: Uno de los diseños más dulces de Dios, < Https://answersingenesis.org/creepy-crawlies/insects/honeybees-one-of-gods-sweetest-designs/>, visitada el 06/28/2017. Imagen: Licencia: Licencia Creative Commons Share-Alike 3.0 Unported.