Job 39:19
“Le das tú su fuerza al caballo? ¿Cubres tú su cuello de crines ondulantes?”

Si, como se nos dice continuamente, “La Evolución” es un hecho, ¿por qué la tecnología humana mejora cuando copiamos diseños que se encuentran en la naturaleza? Si la naturaleza es realmente un experimento gigante de prueba y error, no solo deberíamos encontrar evidencia de diseños menos sofisticados en el pasado distante, sino que los humanos de hoy deberían poder mejorar los diseños que se encuentran en la naturaleza.

La ciencia sabe desde hace mucho tiempo que un objeto que se mueve a través del agua o el aire se mueve con la menor resistencia cuando la relación entre su longitud y su diámetro es de cuatro a uno. Esta proporción se encuentra en los nadadores más rápidos del mar, como el atún, el delfín y el pez espada. Un Boeing 707, con una proporción de nueve a uno, experimenta mucha más resistencia que el 747 más grande y gordo, que tiene una proporción de seis a uno, mucho más cercano al atún y al delfín.

Los estudios sobre la visión del cangrejo herradura, supuestamente una de las formas de vida primitivas, han enseñado a los ingenieros cómo producir una imagen de televisión más clara y nítida. La Fuerza Aérea de los Estados Unidos copió un sistema de detección de velocidad de los escarabajos para mejorar los indicadores de velocidad de sus aviones. La óptica del ojo de una rana les mostró cómo mejorar su radar. El ojo polifacético de la mosca enseñó a los ingenieros cómo diseñar un sistema de iluminación que genere más luz con menos energía.

Los seres humanos están aprendiendo y copiando soluciones de diseño elaboradas por su Creador. Los diseños brillantes de nuestro mundo no son el resultado de prueba y error. ¡Esta realidad hace que la afirmación de que “La Evolución” es un hecho científico parezca vacía!

Oración: Querido Señor, los seres humanos hacemos afirmaciones exageradas sobre nuestro conocimiento. Pero al final, todo lo que somos, tenemos y sabemos es de ti. Te agradezco tu gran generosidad. No me dejes nunca olvidar tu bondad. Amén.

Ref: “El mimetismo del hombre”. Revista del Instituto Luterano de Ciencias, ene.-feb. 1991. p. 4. Foto: Delfín – Pixabay.com

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